la misma celda en el monasterio
- Sí, Padre. Usted dirá.. Estaba con el espejo en la mano. El llamado me sorprendió y lo dejé caer. ¡Qué desastre!
- Déjalo así ahora, después recogerás los pedazos. Siéntate un momento que tengo que decirte una cosa.
- ¿De qué se trata?
- ¿Siempre persistes en tu búsqueda mística?
- Sí, quiero encontrar a Dios dentro de mí.
- Dios te va a iluminar en algún momento.
- Tengo esa fe.
- Tal vez puedas tener ayuda.
- ¿De quién?
- De alguien muy espiritual y que creo ha recorrido ya gran parte de ese camino.
- ¿Quién?
- El Padre Luis.
- ¡Ah!
- Mañana temprano debo ir a verlo a su monasterio. Vine a invitarte para que me acompañes.
- ¿Mañana?
- Sí, salgo muy temprano. Vengo a llamarte.
- Muchas gracias.
- Hasta mañana.
- Hasta mañana, Padre.
|